04/12/06
Esta memoria no es ampliable
Es muuuucho tiempo. De hecho hace más de mil ochocientos días ya desde que me quedé sin dedos en las manos para contar los años que hace de la última vez que le vieron estos ojos que se van a comer los gusanos (es un decir, claro, los que me conocen saben que yo aspiro a pasar toda la eternidad metida en una urnita sobre la tele, haciendo compañía a la gitana y al toro). En cristiano: han pasado quince años y pico desde aquella tarde. Y eso es casi la mitad de mi vida.
Me preocupa tener cada día menos memoria. En realidad lo que me joroba es darme cuenta de que se me olvidan las cosas. Si no cayera en todo lo que se me olvida viviría feliz en mis propias lagunas mentales. Pero no, me doy cuenta aunque generalmente ya sea tarde para recordar las cosas.
En definitiva, que cada día me parezco más a mi abuela. La pobre ya no distingue un paraguas de un florero pero sin embargo en un momento de lucidez es capaz de relatarte con todo lujo de detalles su vida durante la guerra civil y además es incapaz de olvidar que cuando se casó pesaba 49 kg con el abrigo puesto.
Yo ejercito mi memoria (cuando me acuerdo) con el Brain Training de la Nintendo DS pero aún así no me alcanza. Nunca sé cuánto tiempo hace que regué las plantas por última vez y así les luce el pelo (que no tienen) a las pobres. Siempre olvido actualizar la libreta del banco. Jamás recuerdo enviar las felicitaciones navideñas a tiempo. En fin, cosas que no le quitan la vida a nadie pero que me fastidia no tener hechas.
A pesar de todo mi cabeza está llena de pequeños recuerdos que no me sirven para nada. Como he dicho antes, hace quince años que no he vuelto a tener noticias suyas y aún recuerdo el nombre de sus hermanas con quienes jamás crucé más de dos frases seguidas, puedo repetir sin temor a equivocarme su teléfono, su dirección y la fecha de su cumpleaños. Tengo un recuerdo nítido de su cara. ¿Y para qué? Son datos almacenados en mi cabeza inútilmente, hace siglos que no los necesito. Pobres neuronas tan desaprovechadas ellas.
Quien me lea pensará que donde hubo fuego siempre quedan rescoldos. Pero ni siquiera hubo fuego, ya me hubiera gustado a mi...
Bueno, pues ya está dicho. Aprovecho para contar que la foto que acompaña a esta entrada en el blog es un trozo de mis últimas vacaciones. Sí señores, les presento a mi mano izquierda. Desde el mismo momento en que me hicieron esa foto quise que me acompañara en el blog pero sinceramente... se me olvidó. Un millón de gracias, Ana, por recordármelo.
20:17 Permalink | Comentarios (2) | Email esto




Comentarios
Uyssssss, es que me habías asustado, llegué a pensar que no entendía nada de lo que leía (de lo que pusiste en comentarios) jajajaaj, al menos ahora ya me quedo tranquila aunque mi memoria tampoco esté demasiado ejercitada.
Besukisssssssssssssssssssssss
Anotado por: ana | 05/12/06
Pero, ¿donde te has metido? ¿en que agujero te has encondido? hace casi un año que no se sabe de ti.
Anotado por: ana | 15/11/07
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